viernes, 28 de octubre de 2011

Me contradigo.

Con prisas...
Comencé a odiarte.
Empecé a respirar otro aliento.
A sentirte lejos.


Con prisas...
Comencé a desearte.
A querer saber de ti.
A palparte alrededor de mis sentidos.


Me contradigo. 

domingo, 16 de octubre de 2011

Soy mujer de siete semblantes.

Siento pesada mi espalda, mis piernas. Todo mi cuerpo. 
Siento un vacío en él y no he empezado a confesarme.
Siento un agujero en el centro de mi pecho. Por que ahí está el corazón. Mi órgano vital que me trata a su merced. Añorando situaciones inadecuadas, desechando razones eminentes.
Siento habitada mi cordura, arraigada la discreción.

Soy mujer de siete semblantes.
Enloquezco si te acercas, me entusiasmo si te vas.

Soy caprichosa, inusual.
No valgo la pena.

¿Por qué me dejaste con las ganas de quererte?

Te fuiste.


Y aún hoy, sigo buscándote.

sábado, 15 de octubre de 2011

Mi sexto sentido empezaba a palpitar.

Entonces le vi. Con bufanda al cuello y zapatos de charol. Caminaba cabizbajo, sin mirar el horizonte. Con pantalones ajustados y camisa a cuadros. Cigarro en mano, soltando el humo de  una manera extraña, formando redondeles que desaparecían en ese cielo gris de un 15 de octubre. Ya hace dos años.

Tocándose el pelo cada dos minutos. Intentándose colocar un flequillo casi inexistente. Parecía nervioso, confuso. También inquieto. Una vez acomodado en aquella acera, no dejaba de dar vueltas de un lado a otro. Inspiraba. Espiraba. Inspiraba. Espiraba.  Y yo seguía observándole expectante al porvenir.

De nuevo cigarro en mano y calada posterior. Esta vez emitida en forma de corazón. Ya  lo intuía. Mi sexto sentido empezaba a palpitar. Y nunca se equivocaba.

Entonces apareció ella… Caricias y contacto.

(Golpe en el pecho).

De nuevo, un anhelado abrazo seguido de  “has tardado en venir”. Quise pensar que sus labios articularon esas palabras, pues me encontraba demasiado lejos para  deducirlas.

Me giré. Di media vuelta y seguí el camino de ida, donde aún quedaban los pasos de la angustia, del desconsuelo, de la pena.


Que sean felices, pensé.

Hace un día que dejé de quererte...

Y lo llevo bien. 

jueves, 13 de octubre de 2011

Qué paradoja. Qué contrasentido.

No recuerdo en qué preciso momento decidiste dejar de quererle. Supongo que fue cuando tu corazón estalló y se rompió en partes iguales. O en partes desiguales. Qué más da. Aquí no hay cabida para la perfección.


Asimismo, imagino que fue inhumano. El momento en que, presa del placer de amar, decidiste abandonar. El instante en que, dueña del órgano vital, intentaste ceder. 

No sé en qué preciso instante dejaste de quererle. Al fin. No fue fácil decir adiós a una etapa en la que se sufre sin querer. Y qué paradoja. Qué contrasentido.
No fue cómodo decir adiós a los peores pensamientos, a los sentimientos más profundos. A los te quiero más irracionales.

No fue simple en ningún momento. Porque no quisiste, amaste. Y ese sentimiento merece ser respetado.  

lunes, 10 de octubre de 2011

Son suspiros de amor y por amor.

Son suspiros de amor y por amor.
Los que expelo cuando te veo. Los que me invaden al sentirte.

Son suspiros de amor y por amor.
Los que anhelo al recordarte. Cuando despedazo el querer.

Son suspiros de amor y por amor.
Los que revelo si estás lejos. Aún queriendo huir de ti.

Son suspiros de amor y por amor.
Los que ansío cuando te vuelves. Cuando estás a metros de mí.
De mi cuerpo. De mi piel. De mis labios. De nuestras comisuras.